Fecha de publicación:22/11/2019 0:00

  • Los dos relatos premiados destacan, según el jurado, por su fiel reproducción del género negro y su gran capacidad para captar un instante.

  • Al certamen se presentaron 247 relatos de diversos puntos geográficos.



En asusencia del ganador recogió el premio Técnica de CulturaImagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contextoEn asusencia del ganador recogió el premio Técnica de CulturaEl relato "El último tren" de Sadrac Abednego Chinchilla Estrada de Ciudad de Guatemala (Guatemala), ha sido el ganador del I Certamen de Microrrelatos "Misterioso Móstoles", dotado con 1.000 euros. El segundo premio, dotado con 500 euros, ha recaído en el relato "Me supone callar, desesperadamente" de Raúl Sánchez Plasencia, natural de Madrid y alcalaíno de adopción.


El fallo se dio a conocer ayer por la tarde en el Centro Sociocultural Joan Miró el fallo del concurso. Los dos relatos premiados destacan, según el jurado, por su fiel reproducción del género negro y gran capacidad para captar un instante.


Al certamen se presentaron un total de 247 relatos procedentes de diversos puntos geográficos de España, Reino Unido, EEUU, Perú, Guatemala, Argentina, México, Colombia y Chile.


La alcaldesa de Móstoles, Noelia Posse, hizo entrega del primer premio, que recogió, en ausencia del autor, una técnica cultural de la Concejalía. Por su parte, el concejal de Seguridad, Convivencia, Cultura y Transición Ecológica, Alejandro Martín, entregó el segundo premio, recogido personalmente por su autor. Raúl Sánchez Plasencia.


El acto contó con la ambientación musical de Miguel Plaza profesor del taller de música del Centro y dos alumnas de la Asociación Teatral Melpómene leyeron los relatos premiados.


Primer Premio del I Concurso de Microrrelatos


"El último tren", por Sadrac Abednego Chinchilla Estrada


Pero la sorpresa que me esperaba al llegar a Móstoles Central me inquietó aún más, pues aunque estaba entrada la noche, sobrevivía entre las sombras una luz mortecina que semejaba un cirio consumiéndose solitario en un rincón; allí estaba ella, o quizás ellas, observándome con una sonrisa disimulada a través del cristal de la cafetería; tal derroche de entusiasmo sólo podía deberse a mi don natural para atraer problemas. Apagué el cigarrillo con la suela y caminé al encuentro del destino. Después de todo, algunos se merecen una segunda oportunidad



Segundo Premio del I Concurso de Micorrelatos


"Me supone callar, desesperadamente", por Raúl Sánchez Plasencia


Pero la sorpresa que me esperaba al llegar a Móstoles Central me inquietó aún más. En un escaparate de luz tenue y rincones pretendidos, se reflejaba la silueta de Sheila. Difusa, no lograba interpretar bien sus manos.


Hay por todo Madrid barras de bar llenas habitualmente de hombres sin cara, como la de Sheila, que expresan la muerte en el altillo de un taburete. Hombro recostado o el humo de un cigarro que no parece encendido. Como en el escenario de cualquier peli americana.


Sheila siempre quiso ser elegante y posturera. Mezclando vanidad humilde con altanería. Un pistolero sin balas de esos que analizan tu vida antes de pegarte un tiro en el alma.


Yo nunca he sido de los que duermen solos, perdiendo -a cuentagotas de minutos- los euros de mi cartera. Pero desde que Sheila me espía por la mirilla, es todo diferente. Tengo la misma amarga sensación cada día metida entre las piernas. Y ya se ha aprendido el camino a casa…