Frío y Salud

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Dirección General de Salud Pública

CONSEJERÍA DE SANIDAD

"FRÍO Y SALUD"


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El frío intenso y los episodios de hipotermia conllevan un aumento de las enfermedades y fallecimientos por agravamiento y descompensación de enfermedades crónicas, especialmente en personas vulnerables. Hablamos de enfermedades cardiovasculares o reumáticas, infecciones bronquiales, catarros y gripe.

Hay evidencia científica que demuestra esta influencia térmica en la salud. No sólo los episodios de frío extremo son exclusivos en determinar el exceso de enfermedades en invierno; paradójicamente, se ha detectado que países con temperaturas más suaves en invierno, muestran las mayores variaciones de mortalidad estacional. Por ejemplo, España y Portugal presentan mayores tasas de fallecimientos en invierno que Finlandia o Dinamarca, debido, probablemente, a que la vulnerabilidad de la población al frío es mayor en los países más cálidos y sus casas están peor acondicionadas para las bajas temperaturas. Incluso dentro de nuestro país, en las provincias con climas templados hay una mayor cifra de fallecimientos en invierno que en regiones que tienen climas más fríos.

La población más vulnerable comprende a las personas mayores, enfermos crónicos, embarazadas, niños y lactantes, personas con movilidad reducida, trabajadores al aire libre, personas adictas al alcohol o con niveles socioeconómicos bajos, y personas en situación de precariedad y/o en infraviviendas.

La Comunidad de Madrid ha puesto en marcha el Plan de Vigilancia y Control de los Efectos del Frío en Salud, vigente desde el día 1 de diciembre de 2019 hasta el 31 de marzo de 2020, con unas recomendaciones y recordatorios sobre el frío, además de una suscripción a la alerta de frío para conocer el nivel en el que estemos.

El frío intenso afecta negativamente a la salud, de forma directa (congelación e hipotermia), e indirecta, debilitando la respuesta defensiva del organismo, debido al aumento de demanda de energía del organismo para luchar contra el frío. El frío hace que se produzcan accidentes como intoxicaciones por monóxido de carbono de las estufas de gas, braseros, etc., incendios por descuidos de estas estufas, caídas por las placas de hielo y también accidentes de tráfico.

Los efectos del frío sobre la salud se empiezan a observar a temperaturas relativamente moderadas (de 4 a 8ºC); por ello, aunque el riesgo de enfermar sea mayor cuando la temperatura disminuye por debajo de esos valores, el cuidado ante el frío ha de comenzar desde la aparición de estas moderadas temperaturas, ya que hay mayor frecuencia de días con temperaturas moderadas-bajas que de temperaturas extremadamente bajas.

La población mayor de 65 años ha aumentado considerablemente en los últimos 15 años en la Comunidad de Madrid y especialmente las personas mayores de 85 años. Esta es la población potencialmente más susceptible a los efectos de las olas de frío, porque tienen menos mecanismos defensivos contra el frío y, en general, menor actividad física.

La ropa más adecuada estará en función de la temperatura que se consiga en el interior de la vivienda. Una temperatura entre 20-22ºC es suficiente en casa, no hay que estar en ropa veraniega. Si no se dispone de buena calefacción, será necesario abrigarse más, con prendas que eviten la pérdida de calor (ropa interior de protección térmica, jerséis y calcetines de lana, guantes, etc…) teniendo en cuenta que varias capas de ropa fina protegen más del frío que una sola gruesa.

Para salir de casa, es conveniente proteger la cabeza, el cuello, las manos y los pies. Hay que tener en cuenta que la ropa húmeda por lluvia o sudor enfría el cuerpo rápidamente. Usar preferiblemente una prenda de abrigo que sea resistente al viento y la humedad, y por debajo de ella, varias capas de ropa no apretada.

La alimentación proporciona nutrientes y también calor al organismo. El frío hace que aumenten las necesidades calóricas y por tanto el consumo de alimentos. Conviene tomar comidas calientes que aporten la energía necesaria: legumbres, sopas, etc., sin renunciar a una alimentación variada (verduras, frutas, huevos, pescados, cereales, leche, etc.). Tomar a lo largo del día y antes de acostarse, una taza de alguna bebida caliente, como infusiones, caldos, leche…, que además de ser reconfortantes, ayudan a mantener la temperatura corporal. El alcohol ha de evitarse en todo momento y más si se está expuesto al frío, pues hará que el cuerpo pierda calor, lo que es muy peligroso en situación de frío extremo.

Precauciones en el exterior:

En la medida de lo posible, limitar al máximo las actividades exteriores, sobre todo si pertenecemos a algún grupo de riesgo. Son útiles adoptar las siguientes precauciones:

  • Comprobar la previsión meteorológica antes de salir.

  • Permanecer en el exterior el menor tiempo posible. Respirar siempre por la nariz, para templar y humedecer el aire exterior.

  • Utilizar prendas de abrigo resistentes al viento y a la humedad. Proteger especialmente las zonas expuestas (cabeza, cuello, manos y pies) y permanecer seco en todo momento.

  • El corazón realiza un trabajo extra ante el frío para mantener caliente el cuerpo, por lo que no conviene aumentar la demanda cardíaca con trabajo físico bajo el frío. Si fuera necesario, siempre con precaución y sin agotarse.

  • Extremar la precaución en caso de hielo en las calles. Una de las lesiones más frecuentes producidas por frío son las caídas por resbalones en el hielo.

  • Si nos vemos atrapados en un vehículo inmovilizado por la nieve, lo primero es señalizar nuestra situación; después, acercarnos el material que vayamos a necesitar del maletero, utilizar mantas, ropa y/o periódicos para taparnos; mover las extremidades periódicamente para mantener activa la circulación, y evitar quedarnos dormidos; encender el motor y la calefacción al menos 10 minutos cada hora, asegurándonos de que el tubo de escape no está taponado por la nieve para disminuir el riesgo de intoxicación y abrir de vez en cuando la ventana para renovar el aire interno.

Precauciones en el interior:

  • La temperatura ideal suele estar entre 21º C de día y 18º C de noche.

  • Procurar un buen aislamiento térmico de la vivienda, evitando corrientes de aire y pérdidas de calor por puertas y ventanas. Cerrar las habitaciones que no se utilicen.

  • La actividad física genera calor, por lo que en caso de no tener un buen sistema de calefacción puede ser útil moverse, realizando los trabajos domésticos por ejemplo.

  • Mucha atención a las estufas de gas, leña, etc. para evitar riesgo de incendio e intoxicación. Siempre asegurarse del buen estado de la estufa antes de ponerla en marcha. Al igual que no colocarla en lugares que puedan incendiarse, como cerca de la cama, de cortinas, etc.


Se recomienda la vacunación frente a la gripe a personas mayores de 60 años y a las que padecen alguna enfermedad crónica (cardiopulmonar, metabólica, asma e inmunodeprimidos). También puede ser necesaria la vacunación que corresponda por edad o situación específica.

Puede solicitar más información y ayuda consultando a su profesional médico o de enfermería en su centro de salud.

También en la web de la Consejeria de Sanidad de la Comunidad de Madrid, en el Plan de Vigilancia y Control de los Efectos del Frío en Salud:

http://www.comunidad.madrid/servicios/salud/frio-saludEste enlace se abrirá en una ventana nueva

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