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Un estímulo erótico nos provoca deseo y los pensamientos eróticos nos hacen sentir bien. El cuerpo y la mente responde con cambios y aumenta la excitación hasta un límite que puede ser o no un orgasmo, porque el ser humano puede permitir, interrumpir o mantener cada fase de la respuesta sexual.


Los estímulos eróticos son muy particulares e individuales, y no valen para todas las personas, ni hay unos específicos para mujeres u hombres. Las cosas que nos estimulan las vamos gestando desde que nacemos, a lo largo de toda la vida (infancia, adolescencia, juventud, adultez, madurez y vejez) y tienen que ver con todas las experiencias vividas, identificadas como específicamente sexuales o no. También son muy dependientes de la cultura en la que vivimos.


Es importante saber que sin estímulo es difícil que aparezca deseo, sin deseo es complicado que exista excitación mental y física, y sin excitación suficiente, probablemente no exista orgasmo o clímax.